
CASA ARRIOLA 1952-1957
En la década de 1950, Guadalajara comenzaba a expandirse hacia el poniente. La ciudad crecía, pero también soñaba. En ese contexto nace Chapalita, concebida como “Ciudad Jardín”: calles arboladas, glorietas abiertas y casas que dialogaban con el paisaje. No era solo urbanismo; era una nueva manera de habitar.
En 1952, en la avenida Las Rosas, el arquitecto tapatío Luis Barragán diseñó una residencia para José Arriola Adame, abogado y notario público tapatío, fue un hombre culto, cercano al ámbito intelectual de su época, valoraba la música y la literatura, lo que influyó en la concepción de su hogar como un espacio de estudio, reunión y vida familiar.
Barragán atravesaba entonces su etapa madura: una arquitectura moderna, sí, pero profundamente mexicana. Muros que abrazan el silencio. Geometrías puras que contienen la luz. Jardines que no decoran, sino que estructuran la vida interior.
Casa Arriola nació en ese momento preciso: cuando la modernidad en Jalisco encontraba su propio lenguaje.
El Espíritu de la Casa : La Biblioteca

Biblioteca Arriola
La casa no fue solo una vivienda; fue un espacio concebido para la vida intelectual y familiar, donde el diálogo y la reflexión formaban parte de la cotidianidad.
Su biblioteca (de más de 200mts)—verdadero corazón simbólico del hogar— no era únicamente un cuarto de libros, sino un santuario de introspección, estudio y contemplación. Era, en esencia, una casa para habitar el pensamiento.
Cada domingo, en esa magnífica biblioteca, se celebraban tertulias que reunían a figuras fundamentales del pensamiento y la cultura de la época: Efraín González Luna, los arquitectos Luis Barragán e Ignacio Díaz Morales, el internacionalista Antonio Gómez Robledo, el literato Agustín Yáñez, entre otros.
Entre música y conversaciones sobre literatura y filosofía, la casa se convertía en un epicentro intelectual de la Guadalajara moderna.
Con el paso de las décadas, como muchas obras del siglo XX, atravesó transformaciones. Cambios de uso, intervenciones, periodos de desuso y deterioro fueron alterando su lectura original. Hubo momentos en que su valor pasó desapercibido y su estado físico se vio comprometido.
Hoy, Casa Arreola —conocida también como Casa Rosa— se reconoce como parte del patrimonio moderno de Jalisco. No solo por su autoría, sino por lo que representa en la historia urbana de Guadalajara: la consolidación de una ciudad que aspiraba a modernidad sin perder identidad.
Actualmente, el espacio vive una nueva etapa. Se activa como casa museo y punto de encuentro cultural, como lugar de reflexión sobre arquitectura, diseño y memoria. No es un museo detenido en el tiempo; es un patrimonio vivo que continúa escribiendo su historia.
Porque preservar no significa congelar. Significa comprender, valorar y proyectar hacia el futuro.

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